lunes, 22 de junio de 2026

¿Para qué trabajamos?

La vieja fábula de la hormiga y la cigarra sigue provocando discusiones porque habla de algo que no hemos resuelto. Sabemos que hay que trabajar. Sabemos que la previsión, el esfuerzo y la disciplina son necesarios. Sin ellos no hay hogar, ni alimento, ni seguridad. Pero también intuimos que una vida no puede reducirse a eso. La pregunta verdaderamente humana no es si debemos trabajar, sino para qué trabajamos.

Quizá uno de los riesgos de nuestro tiempo consista en confundir el valor de una persona con su utilidad. Admiramos la productividad, el rendimiento y el éxito profesional, todos ellos bienes reales y valiosos. Sin embargo, las cosas que más profundamente dan sentido a la existencia pertenecen a otro orden. La amistad, el amor, la belleza, la contemplación, la verdad o la experiencia de sentirse acompañado no pueden comprarse ni fabricarse. Son bienes que justifican el esfuerzo, pero que no pueden ser sustituidos por él.

Por eso resulta insuficiente elegir entre la hormiga y la cigarra. El ser humano necesita ambas cosas. Necesita el trabajo que sostiene la vida y necesita también aquello que hace que la vida merezca ser sostenida. Tal vez la sabiduría consista precisamente en no olvidar ninguna de las dos dimensiones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario