jueves, 7 de septiembre de 2023

La grandeza del camino

A poco que pensemos, nos damos cuenta de que tenemos enormes posibilidades.

Quizá por eso nuestra realidad es siempre deficitaria.

Por eso algunos optan por deprimirse (y llamarse realistas), otros por no mirar la realidad (y llamarse idealistas).

Otros toman conciencia de que hemos conseguido algo pero podemos más, siempre más.

Algo de esto le entiendo a Hölderlin cuando dice:

«¡Oh, sí! El hombre es un dios cuando sueña, un mendigo cuando reflexiona, y cuando se le acaba el entusiasmo, se queda ahí, como un hijo mal engendrado al que su padre ha echado de casa, y mira los pobres centavos con que la compasión alivió su camino.

O ein Gott ist der Mensch, wenn er träumt, ein Bettler, wenn er nachdenkt, und wenn die Begeisterung hin ist, steht er da, wie ein misrathener Sohn, den der Vater aus dem Hause stiess, und betrachtet die ärmlichen Pfennige, die ihm das Mitleid auf den Weg gab»,

Hölderlin, F., Hyperion oder Der Eremit in Griechenland, 26.

El sentido del plan

Si en vez de azar y caos hubiese orden y cosmos, entonces habría un plan y un sitio o una función para cada uno en el mundo y la vida.

Si en el hombre hay algo de divino, su mejor posibilidad es conocer, sentir y secundar el plan, acompasar su vida con el latido de la vida y el ritmo de todo.

Algo de esto le entiendo a Hölderlin cuando dice que

«Ser uno con todo es la vida de la deidad, ese es el cielo del hombre.

 Eines zu seyn mit Allem, das ist Leben der Gottheit, das ist der Himmel des Menschen»,

Hölderlin, F., Hyperion oder Der Eremit in Griechenland.


miércoles, 6 de septiembre de 2023

Bajón y plenitud

La vida tiene sus tiempos.

Hay momentos de entusiasmo.

Y épocas de bajón, desarraigo, desolación, vacío y soledad, que por palabras no va a quedar.

Porque hay momentos en los que desconectamos del sentido del todo y pretendemos sacarlo todo adelante bien y ahora. A ver si hay que enfocar y sentir las cosas de otro modo.

Algo de esto le entiendo a Hölderlin cuando dice que

«La plenitud del mundo infinitamente vivo nutre y sacia con embriaguez mi indigente ser;

Die Fülle der alllebendigen Welt ernährt und sättiget mit Trunkenheit mein darbend Wesen»,

Hölderlin, F., Hyperion oder Der Eremit in Griechenland. 

lunes, 4 de septiembre de 2023

El significado de nuestras acciones

Pudiera ser que nuestra vida tuviera un sentido.

Entonces, nos comprometeríamos en tareas diversas porque son nobles; aunque sean batallas perdidas. Emprendidas con ese enfoque, siempre se gana en nobleza.

En caso contrario, depende de cómo salgan las cosas. Algo de esto le entiendo a Hölderlin cuando dice:

«Mi negocio aquí en la tierra ha terminado. Emprendí la tarea pleno de voluntad, me desangré en ella, y no he enriquecido el mundo en un solo céntimo;

 Mein Geschäft auf Erden ist aus. Ich bin voll Willens an die Arbeit gegangen, habe geblutet darüber, und die Welt um keinen Pfenning reicher gemacht»,
Hölderlin, F., Hyperion oder Der Eremit in Griechenland.

Nuestra realidad

Los griegos llamaban aleteia a la verdad. A-leteia es des-velamiento, des-cubrimiento, es decir, quitar el velo que cubre la realidad auténtica. Del mundo y del hombre, de las cosas y de mí.

Algo de esto le entiendo Hölderlin cuando dice:

«No tengo nada de lo que pueda decir: esto es mío.

Ich habe nichts, wovon ich sagen möchte, es sey mein eigen»,

Hölderlin, F., Hyperion oder Der Eremit in Griechenland.

sábado, 2 de septiembre de 2023

Gratitud y tierra de nuestros mayores

Patria, Vaterland, es la tierra de los padres.

La patria remite a una relación agradecida con lo que hemos recibido y nos hace ser lo que somos.

Algo de esto le entiendo a Hölderlin cuando dice:

«¡Dichoso el hombre al que una patria floreciente alegra y fortifica el corazón.

 Wohl dem Manne, dem ein blühend Vaterland das Herz erfreut und stärkt!», Hölderlin, F., Hyperion oder Der Eremit in Griechenland.

Apertura y conocimiento

El mundo produce un efecto sobre nosotros. Nos afecta, lo sentimos agradable o molesto. Y en función de esos sentimientos, podemos acercarnos o alejarnos. Pero en ese movimiento importamos nosotros, no el mundo.

Podemos dirigirnos al mundo no desde la sensibilidad sino “para arrancarle sus secretos”, que diría Bacon. Pero en ese movimiento volvemos a estar en primer término, ahora para conocer.

 En ninguno de estos modos se produce lo específicamente humano: la apertura, dejar ser a las cosas (mundo y hombre), prestar oído atento y todo ello para cuidar.

Algo de esto le entiendo a Hölderlin, cuando dice:

«Quien se limite a aspirar el perfume de esta flor mía no llegará a conocerla, pero tampoco la conocerá quien la corte sólo para aprender de ella;

Wer blos an meiner Pflanze riecht, der kennt sie nicht, und wer sie pflükt, blos, um daran zu lernen, kennt sie auch nicht», Hölderlin, F., Hyperion oder Der Eremit in Griechenland, Vorrede.