martes, 23 de enero de 2024

Esfuerzo y Esperanza

Contribuir a la realización de algo o, lo que es lo mismo, poner nuestras capacidades al servicio de algo, nos hace sentir orgullo y gozo.

Algo de esto le entiendo a Camus cuando afirma que

«los dioses habían pensado con cierta razón que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza»,

Camus, El mito de Sísifo, 163


lunes, 22 de enero de 2024

Conocer y conocernos

Que lo semejante se conoce por lo semejante es una doctrina que viene, al menos, de Empédocles (allá por el siglo V aC) y se concreta en que tanto da que queramos conocer el cielo o el cieno: sólo podemos conocer algo si hay en nuestro interior algo similar.

Algo de esto le entiendo a Hölderlin cuando dice:

«Si sobre ti y ante ti no encuentras más que el vacío y el desierto, es porque en tu interior no hay más que vacío y desierto, 71-72.

Über dir und vor dir ist es freilich leer und öde, weil es in dir leer und öd’ ist»,

Hölderlin, F., Hyperion oder Der Eremit in Griechenland, 80.


viernes, 19 de enero de 2024

Masa y sociedad

Una sociedad humana en algo se parece a un rebaño (sociedades cerradas, en la terminología de Bergson). El hombre-masa es el cordero (o el lobo, tanto da) de esas agrupaciones. Es el individuo que toma su fuerza del hecho de pertenecer visceralmente al grupo.

Aporta número (y la fuerza del número) pero no enriquece cualitativamente su colectividad.

Una sociedad humana se parece en algo a un rebaño. Precisamente en lo que hay de menos noble.

Puede ser de otro modo. Eso le entiendo a Houellebecq cuando dice que

«para que la sociedad pudiera sobrevivir era indispensable un cambio fundamental: una mutación que restauraría de forma creíble el sentido de la colectividad, de la permanencia y de lo sagrado»,

Houellebecq, Las partículas elementales, 313

jueves, 18 de enero de 2024

Vida y sentido

A los animales les basta una buena vida, un tiempo para llevar a cabo las posibilidades de su naturaleza que, al final, son modos de comer, crecer, reproducirse y morir.

A los animales les basta.

Al hombre le sabe a poco. Falta algo importante. O algo de esto le entiendo a Houellebecq cuando dice que

«la vida siempre nos rompe el corazón. Por mucho valor, sangre fría y humor que uno acumule a lo largo de su vida, siempre acaba con el corazón destrozado. Y entonces uno deja de reírse. A fin de cuentas ya sólo quedan la soledad, el frío y el silencio. A fin de cuentas, sólo queda la muerte»,

Houellebecq, Las partículas elementales, 292

martes, 16 de enero de 2024

Muerte y sentido

Todos los días muere gente. Según vamos cumpliendo años, muere más y más gente conocida.

Es un dato, un hecho.

No obstante, parece como si eso no fuera con nosotros. Como si supieramos que, en el fondo, somos inmortales.

Algo de de esto le entiendo a Houellebecq cuando dice que

«el hombre no está hecho para aceptar la muerte: ni la suya ni la de los demás»,

Houellebecq, Las partículas elementales, 284

lunes, 15 de enero de 2024

Vida, sentido y destino

Lo que hacemos expone a la vista de todo el mundo lo que pensamos, nuestras ideas y creencias, que diría Ortega. Por eso, cuando nuestro interior es un batiburrillo, no atinamos.

Algo de esto le entiendo a Houellebecq cuando hace decir a Annabelle que quiere un hijo y a Michel: «Es una idea rara… -dijo entre dientes-. Reproducirse cuando uno no ama la vida»,

Houellebecq, Las partículas elementales, 275

miércoles, 10 de enero de 2024

Conocimiento o rutina

Decía Aristóteles que el ansia de saber está inserto en la naturaleza humana; hoy habría dicho que está en su ADN. De modo que, si en algún hombre no se manifiesta, habría que hablar de una anomalía, una deformidad, en suma.

Algo de esto parece pasar hoy, si entiendo bien a Houellebecq cuando dice:

«El deseo de conocimiento es curioso… Muy poca gente lo siente, ¿sabe?, incluso entre los investigadores; la mayoría se conforman con hacer carrera, se desvían rápidamente hacia la administración; sin embargo, en la historia de la humanidad tiene una tremenda importancia»,

Houellebecq, Las partículas elementales, 269