sábado, 25 de enero de 2025

La Odisea: El mendigo de Ítaca

 



La Odisea es una obra muy rica, casi una novela de aventuras o, más precisamente, un relato sobre la aventura de la vida.

Ahí aparece, si sabemos leerla, el conjunto de problemas que pueden surgir en la vida, las actitudes que podemos adoptar ante las dificultades y, por supuesto, las estrategias que llevan al desastre o al éxito.

No es un relato facilón: la vida es cosa seria y eso significa que podemos fracasar existencialmente, ya sea por torpeza nuestra, por no saber navegar con el viento en contra, o por la maldad o ineptitud de otros.

Para los griegos, La Odisea era un relato formativo. Ahí aprendieron qué significa ser humano y qué actitudes nos alejan de la humanidad. Así transmitieron lo mejor que habían aprendido, para que sus hijos no tuvieran que escarmentar en cabeza ajena. Puesto que tenemos raíces griegas, esto puede enriquecernos también.

En este texto voy a centrarme en un aspecto fundamental: el regreso a casa, el nóstos (νόστος).

lunes, 20 de enero de 2025

El Principito y la soledad moderna

 




El Principito y la soledad moderna



Hay momentos en la vida en que experimentamos de un modo vivo y doloroso nuestra soledad.

Incluso rodeados de compañeros, amigos o familiares, a veces nos sentimos profundamente solos.

Si no me equivoco, la sensación de no tener a nadie con quien hablar verdaderamente es el tema central de El Principito. Se trata de un rasgo típicamente moderno: la carencia de conexión auténtica con los demás.

En El principito, el símbolo de la soledad es el desierto. Ahí ocurren los acontecimientos, encuentros y enseñanzas fundamentales.

martes, 10 de diciembre de 2024

La Paradoja del Contrapoder Cristiano frente a Nefarious (y 4)

 


La Paradoja del Contrapoder Cristiano frente a Nefarious (y 4)

 

 

 

Manuel Ballester

 

 

En las últimas tres entregas de Letras de Parnaso, hemos profundizado en la naturaleza del mal inspirados por la película Nefarious, cuando habla el diablo. Comenzamos cuestionando la visión socrática del mal como simple ignorancia en «Nefarious, ¿y si el diablo no existiera? (1/4)», destacando la paradójica realidad del mal, capturada magistralmente por Ovidio en su sentencia “Veo lo mejor y lo apruebo, pero hago lo peor” (Video meliora proboque, deteriora sequor).

En «Nefarious: ¿y si la batalla continúa? (2/4)», exploramos la concepción del mal como un trastorno psicológico versus un conflicto eterno entre fuerzas celestiales y demoníacas, destacando cómo ignorar esta batalla nos hace vulnerables.

El tercer artículo, «El mal, la mentira y la Iglesia (3/4)», trató sobre cómo la Iglesia, compuesta por seres falibles, enfrenta el mal reconociendo su omnipresencia y capacidad de redención. Además, sugerimos que el sacerdote de la película podría haber simbolizado a la Iglesia como un contrapoder al diablo.

jueves, 5 de diciembre de 2024

Más allá de la mente: El camino hacia la realidad auténtica

 


 

¿Quién no se ha sentido atrapado alguna vez en los laberintos de su propia mente? La inteligencia es creativa, constructiva y, precisamente, por eso, a veces nos encierra en una burbuja de interpretaciones que nos aleja de la realidad.

Nuestra mente puede construir mundos enteros sin necesidad de un ancla en la realidad porque, como decía Simone Weil, «el espíritu no está obligado a creer en la existencia de nada». Su capacidad de construir mundos mentales es fascinante pero no nos garantiza una conexión con la realidad.

Siguiendo con Weil, el contacto auténtico con la existencia se logra a través de la aceptación incondicional y del amor. La inteligencia nos permite interpretar el mundo, pero el amor nos permite experimentarlo en su totalidad. Mientras la inteligencia nos separa de la realidad al construir sus propios mundos, el amor nos une a ella al aceptarla tal como es.

El hombre puede hacer eso porque la inteligencia le permite ver la realidad interpretada y no a la realidad auténtica. La inteligencia es humana, pero no es todo el hombre; la interpretación es real pero no es toda la realidad sino sólo un aspecto.

El contacto del hombre (de todo el hombre, y no sólo de su inteligencia creativa) con la realidad (con toda la realidad, y no sólo con los elementos que cada mundo mental utiliza) sólo se da a través de la aceptación incondicional, del amor, mediante el cual captamos que «belleza y realidad son idénticas».

O esto le entiendo a Weil cuando dice que «el único órgano de contacto con la existencia es la aceptación, el amor. Por esta razón, belleza y realidad son idénticas. Por esa razón, el gozo y la sensación de realidad son idénticos»,

Simone WeilLa gravedad y la gracia.

 

¿Cómo podemos entonces encontrar un equilibrio entre nuestra capacidad de pensar y nuestra necesidad de sentir? Tal vez, como sugiere Weil, la respuesta esté en el amor, en la aceptación incondicional de la realidad.

martes, 3 de diciembre de 2024

El hombre desconectado de la tierra y de su propósito: Rulfo

 




El hombre desconectado de la tierra y de su propósito: Rulfo

 

 

 

Manuel Ballester

 

 

Según una cierta visión del mundo y de la vida, lo primero es el fin. Antes de comenzar a acarrear ladrillos, habría que tener claro si vamos a hacer una casa o una muralla, un templo o un mero cobertizo. Este modo de ver explica que nos sintamos contentos, felices incluso, cuando alcanzamos nuestras metas. Más aún: tener clara la finalidad de nuestros esfuerzos, nos fortalece y permite que los consigamos.

Se atribuye a Juan Rulfo la idea de que “hay que hacer la revolución y luego ya veremos para qué era”. Que el mundo anda mal y hay que ponerlo patas arriba, la acción revolucionaria es necesaria… aunque nada garantiza que el resultado, al final, no sea peor. Que también podría ocurrir.

viernes, 29 de noviembre de 2024

La responsabilidad y sus ecos

 





La dignidad humana se manifiesta en la capacidad y la voluntad de asumir la responsabilidad por lo que hemos hecho. La responsabilidad tiene que ver no sólo con la intención con que emprendimos nuestros actos, sino también tiene que ver con las consecuencias que se han derivado de nuestras acciones.

Algo de esto le entiendo a Alessandro Manzoni cuando, en su obra Los novios, dice: «Los provocadores, los tiranos, todos los que, de un modo u otro, ofenden al prójimo, son reos, no sólo del mal que cometen, sino también de la perversión que llevan al ánimo de los ofendidos». Según Manzoni, quienes provocan daño son culpables no sólo del acto inmediato de la afrenta, sino también de la corrupción moral que inyectan en quienes la padecen.

Los provocadores y tiranos, al obrar injustamente, no sólo violan la integridad de sus víctimas, sino que también inician un ciclo de perversión en el corazón de los ofendidos. Esta perversión puede manifestarse como un deseo de venganza, un deterioro de la confianza en los demás o una imitación del comportamiento violento y deshumanizante que han experimentado. Así, la ofensa inicial se amplifica y perpetúa, extendiendo sus efectos más allá del acto individual.

Por lo tanto, cuando hablamos de responsabilidad, nos referimos no sólo a evitar infringir daño directo, sino también a cultivar una conciencia de las ondas expansivas que nuestros actos pueden provocar. En última instancia, la dignidad implica un compromiso con la integridad personal y la construcción de una comunidad en la que todos sus miembros puedan vivir libres de las cadenas de la perversión moral que los actos irresponsables de otros podrían forjar.

jueves, 28 de noviembre de 2024

Libertad y condicionamientos



 

La libertad tiene buena prensa, pero ¿sabemos realmente qué es?

En la Grecia clásica y en buena parte de las civilizaciones antiguas, la libertad era entendida de un modo negativo. Significaba no ser esclavo, no haber sido capturado ni vendido. No obstante, existe también una contrapartida positiva: tener la capacidad de decidir por uno mismo. A diferencia del esclavo, cuyo principio de acción es su amo, quien es libre tiene su principio de acción en su interior.

Epicteto, que era socialmente esclavo, cuestiona esa visión al señalar que siempre hay condicionantes en nuestras acciones (ser esclavo o libre, griego o bárbaro, sano o enfermo). Ser libre, entonces, no consiste en carecer de condicionantes, sino en elegir cómo vamos a lidiar con las condiciones que nos han tocado.

La libertad, por lo tanto, tiene que ver con elegir, con decidir. Tiene un sentido positivo, constructivo. Me afirmo frente a mis circunstancias: las convierto en material para la construcción de mi vida.

Galindo y Ujaldón sostienen que «La libertad en su sentido moderno es fruto de una relación singular con el Estado y sus leyes: una relación de resistencia ante sus abusos», (Galindo-Ujaldón, La cultura política liberal). Si tienen razón, la modernidad supone una creciente intrusión del Estado en nuestras vidas. Y en ese sentido, la libertad de los modernos no se aleja mucho de la acepción negativa de los antiguos.